Un lugar en donde son bienvenidas las infructuosas charlas domingueras con los amigos, esas que arreglan el país y el mundo. Sobre todo las que vienen después del asadito, adobadas con buen vino tinto argentino.
El soberano habló. El verdadero soberano. EL PUEBLO.
Está diciendo algo bien fuerte, y aquél que no escucha, a menos que sea sordo, es un tonto. Si bien no me gusta lo que está diciendo, voy a prestarle mucha atención y a reflexionar. Porque pensé que formaba parte de una mayoría indiscutible. Me equivoqué. El pueblo está claramente dicotómico en su deseo, y lo único que parece indiscutible es la intensidad de un clamor unificado bien resonante: a este oficialismo, o al modelo que representa, no lo quiere más.
Que me perdonen los terratenientes, los oligarcas, los dueños de multinacionales, los ricos empresarios, los que apuntan sus ventanas hacia la ribera del Río de La Plata en San Fernando, o los que cenan todos los días con Barón B. Realmente me importa poco el clamor de éstos, porque cuando pierden, se encargan de recuperar lo que perdieron quitándoselo al indefenso. Como cuando pusieron los botes salvavidas solo para ellos mismos en aquél legendario transatlántico. Y son también los que se suben primero.
El clamor que me importa es precisamente el del indefenso, el del pobre. El de las cubiertas de abajo, las que tienen botes insuficientes y ninguna vista al océano. Y lo que estoy escuchando es distinto a lo que yo pensé que diría. Parece que ni este pueblo pobre quiere a este oficialismo. Y si el indefenso no lo quiere por algo es. Y quiero saber.
Voy a reflexionar mucho, voy a averiguar más. ¿Qué es lo que no quiere el pobre cuando el modelo lo está priorizando? ¿Será que el modelo no lo está haciendo realmente? ¿Será que la instrumentación del modelo es la que no lo prioriza? ¿Será que el deseo de priorizarlos actualmente persiste solo en algunos y por eso no alcanza?
Entendamos algo, el clientelismo que nos quisieron vender es una gran patraña. Tanto "voto comprado" resulta que al final no existe. Esa manía que tienen los detractores del modelo de defender sus incapacidades en base a la idea que al pobre se lo compra con un choripán acabó por quedar demostrado que solo existe en el imaginario de quienes sí son capaces de sobornar.
El pobre lo que pide son oportunidades. Ni siquiera las mismas, solo las básicas. Pide que no se lo niegue o se lo pisotee. Pide ayuda solo cuando las oportunidades son nulas. El pobre no es un vago. Tiene dignidad y solidaridad infinita porque sabe lo que es no tener esperanza. El pobre primero necesita comer, porque el hambriento no vive en este mundo, vive en el infierno del hambriento. Pero una vez que el hambriento pasó a ser un ser humano, y a formar parte de este mundo, lo que necesita es sentirse digno y tener esperanza.
Quizás el pobre se sintió agradecido porque se lo reconoció y se lo sacó del infierno. Quizás, ahora como ser humano ansía el siguiente estadio. Y aquí es posible (insisto, estoy conjeturando) que el oficialismo, o el modelo, ya no esté siendo útil. Yo creía que sí, que estaba siendo útil. Parece que no, porque el soberano lo está diciendo.
La majestuosidad del transatlántico
Es posible que el pueblo pobre se sienta un pasajero que navega en un barco que en apariencia no se hunde, pero que no lo lleva hacia ningún lado. Solo lo mantiene a flote. Tiene la panza llena, y ahora quiere más, quiere llegar hacia algún lado, o al menos quiere moverse. Es absolutamente comprensible. Ninguno de nosotros querría estar flotando en una balsa en medio del océano, por más que la balsa jamás se hunda y los alimentos sean infinitos hasta el día de nuestra muerte. A veces es preferible sacudir las aguas, perder estabilidad y víveres, morir en el intento, pero moverse hacia algún lado.
Parece que el pasajero observa otras barcas navegando a su lado y quiere arrojarse a las aguas para aferrarse a alguna de ellas. Puede que termine aferrándose a una que no lo va a contener pero le alcanza con que sea una distinta a aquella que solo lo mantiene a flote. Uno de esos barcos parece majestuoso, sólido, lleno de alegría y esperanza de llevarnos a buen puerto. Apenas zarpó, cortaba las aguas como un torpedo, imparable, indestructible, y en sus cubiertas tomábamos champán, manejábamos "Ferraris" y salíamos en tapas de revistas vistiendo nada más que un collar de perlas y un tapado de vison. Lo conocemos bien, porque ya estuvimos antes en el Titanic.
Recuerdo perfectamente la alegría y el optimismo por el cambio que proponía aquél "gran justicialista". Recuerdo incluso como forzó, con ayuda, a tomar el poder anticipadamente. Recuerdo los cuatro primeros años de supuesta "bonanza" hasta el "chasquibum" del efecto Tequila que nos reventó el casco cual bomba nuclear. Porque lucía sólido ese barco, pero estaba hecho de hojalata. Recuerdo en especial la enorme cantidad de "hojalata" de campaña, que "entre todos podemos", que "todos nos merecemos vivir mejor", y "que lo sigamos que no nos iba a defraudar".
Veinticinco años después, la misma hojalata. Queremos abandonar un barco que en apariencia solo mantiene a flote a los pobres, para subirnos a uno que parece lleno de esplendor, que promete solidez y seguridad, cuyos constructores son los mismos de aquél transatlántico, que manejan la misma cantidad ajustada de botes salvavidas, que ponen la misma cantidad abundante para la primera clase, y sus navegantes son los discípulos de aquellos que condujeron ese que no se podía hundir.
Recuerdo que hasta hace un año atrás estos capitanes pregonaban que los salarios son un gasto, que hay que estar dispuesto a resignar salario y cobrar lo mínimo por lo que se hace, que nacionalizar YPF era un error, lo mismo con las AFJP, que votaron en contra de la AUH, que la re-distribución de la riqueza era un "cantito insufrible", que a Griesa había pagarle de inmediato en billetes calentitos, previo a ponernos un traje de vaselina, y la lista sigue y sigue.
Recuerdo cómo desde que arañaron el gobierno de la ciudad, se dieron vuelta como un panqueque. La hojalata. Perón pasó a ser un héroe nacional, YPF, las AFJP y la AUH son lo mejor que se hizo en el país, a Griesa hay que mostrarle los dientes, los pobres también importan, y todo lo que se hizo bien hay que mantenerlo pero mejorarlo. Hojalata.
Los botes salvavidas tapan la vista
Si el pueblo lo exige, hay que cambiar. Al pueblo necesitado se lo respeta, porque es inteligente, no es una masa manejable con un pancho como te quisieron hacer creer. El pueblo necesitado quiere otras cosas y las está demandando con contundencia. Yo sigo creyendo que lo mejor que le pasó al país fue éste oficialismo y éste modelo. No creo equivocarme, porque fue con este barco que convertimos a los hambrientos en seres humanos y empezamos a mandar satélites al espacio. El barco no está flotando solamente, se está moviendo y se nota de muchas maneras. Pero se mueve lento quizás, en parte porque tratan de hundirlo aquellos con armas grandes, y en parte porque quizás el motor ya tiene poca fuerza.
Se está hablando de dejar este barco. Yo no tengo problema, porque navego en la segunda cubierta, que también tiene suficientes botes salvavidas. Lo triste es que la tercera y la cuarta, como siempre, no tienen ninguno. Pero no te lo dicen porque si no, nadie de tercera se sube y no te llenan el barco, que en definitiva es lo que les hace redituable el viaje.
El empresario es aquél que se juega su dinero. A veces su dinero es la empresa misma, y otras veces es el bono. Es el que arriesga, y si las cosas no salen como espera se puede quedar sin éste. Por eso lo defenderá con uñas y dientes, como felino que defiende a su cría.
El empresario es un ser incomprendido. Es un guerrero, un valiente, un temerario. Y de su vid beberán muchos porque él será generoso dando trabajo. Arriesgará su dinero y dará trabajo. ¿Algo más digno y celestial que ello?
El empresario es temerario pero inteligente. Es generoso pero frío. No titubea a la hora de tomar decisiones. Ser empresario no es para tibios, no es para cualquiera. Es para generales romanos.
El empresario le da trabajo a los que puede, y a los que no, que se los dé otro. No es su problema. Demasiado hace. Y a los que puede, les paga lo menos que sea posible. Porque los balances tienen que arrojar ganancias. La empresa debe sobrevivir, o todos nos quedamos en la calle, o sin el bono.
El empresario odia dar aumentos. Odia gastar para dar condiciones dignas de trabajo, y odia todo lo que sea dar más a esos desagradecidos de mierda. ¿Acaso no es suficiente con darles trabajo? Si les da esto o aquello es porque más de uno murió para conseguir esas condiciones, que si fuera por él...
El empresario no necesita mirarte a la cara. No le duelen tus comisuras o tus lágrimas. Está para otra cosa. Es un general romano. Cuando los números no dan, no dan. Así de simple. No es su culpa. Ni de los bonos que cobró, porque él sí que los merecía. Cuando los números no dan, no dan. Entonces despide o recorta beneficios. El café ya no te lo regala. Los números no dan. A sí mismo no se va a despedir, es imprescindible. Es el general, o es el dueño, lógico. Dará la orden de recortar para alcanzar la cifra de ganancias para el bono, y luego mandará a sus lugartenientes a decirte que ya no te necesitan.
El empresario, si pudiera, no te indemnizaría. Lo hace porque la ley lo obliga, o no lo hace. Demasiado con que te dio de comer todo este tiempo. No sé si eso es algo injusto. Es verdad que lo ayudaste a ganar dinero, pero él también te ayudó a ganar el tuyo. Simplemente debes entender que no te va a dar más de lo que lo obliguen a darte.
El empresario siempre siente que está pagando bien. Que da suficiente. Dar más le duele, porque si el balance no arroja ganancias, el bono a fin de año no viene. Primero desea satisfacer a los accionistas, que son los que autorizan esos bonos. Luego piensan en sí mismos, o sea en el bono. En tercer lugar puede que piensen en el sueldo de los empleados, pero no porque los amen o tengan consciencia social, sino porque los necesitan para ese bono.
El empresario es un general, y no está para ser débil. Pensar en exceder cuarenta veces las emanaciones de gases tóxicos a la atmósfera que él mismo respira no es realmente importante, ni es de empresario. El empresario está para ganar dinero no para hacer beneficencia. Es de empresario ingestar un software que engañe a quien sea cuando de emanaciones se trate. No es de empresario pensar primero en el aire, luego en el agua, luego en la tierra, luego en los seres humanos, y luego recién en los accionistas.
El empresario tiene su mentalidad. La prueba que es así la tiene el mundo que está como está, porque está lleno de empresarios dirigiendo países. Si no les importan los gases tóxicos que ellos mismos y sus hijos respiran, menos les va a importar la supervivencia y la calidad de vida de negritos del tercer mundo (o de provincias del interior, o del conurbano, o de la capital).
El empresario es el primer corrupto en cualquier sociedad del mundo. Y trata de corromper a tantos como pueda, porque así funciona su cabeza. No está delinquiendo, está salvando la vid que da de beber a muchos. No es ningún tibio. Sabe que siempre se pueden transgredir las normas sin que se note. Solo es necesario encontrar la forma y los cómplices. Porque ante todo, no está delinquiendo, solo está haciendo que el balance arroje ganancias.
El empresario es así. Es lo que es. Vos fijate.
NOTA 1: Cualquier semejanza de la imagen con el logo de Volkswagen o con MM es solo idea suya.
Lo que vas a leer no es un relato propagandístico de un programa de Discovery Channel, ni la reseña de una genial película. Ambos están, pero como vehículo para recorrer un camino que pretende entrar al patio de tu empatía y golpear la puerta de tu corazón.
¿Has pensado que pasaría si tienes sed, y al abrir la canilla no sale agua, y te enteras que nunca más volverá a salir?
Tenemos los recursos tan a la mano, y la tecnología nos provee tanto de manera constante, que dejamos de pensar lo que sucede detrás. Vivimos cada vez más aislados, en una burbuja compuesta por dispositivos móviles, auriculares, internet en todos lados, con la sensación que todo está disponible, y solo depende de uno mismo conseguir las cosas.
Entonces... ¿Con qué fin vivimos en sociedad?
Las aristas de esta inquietud son tantas, que estoy seguro que hay toneladas de libros escritos por gente muy sesuda, entre las que no me incluyo, pero nada me impide hacer el ejercicio de pensar al respecto.
Trataré de sintetizar la respuesta (si es que eso es posible) en dos características, para reducir el recorrido que de por sí es largo. Vivimos en sociedad esencialmente porque necesitamos:
Contacto e intercambio con otros seres humanos.
Aprovechar los recursos tanto como se pueda, porque es difícil conseguirlos.
En la isla, con Bear Grylls
En este reality (clic aquí para acceder a su página oficial), podemos ver a un grupo de trece británicos comunes, casi como tú o yo, que son dejados durante un mes en una pequeña isla del Pacífico, con solo lo que llevan puesto, mas dos cuchillos y dos machetes. Eso sí, un vasto equipamiento de filmación para que ellos se auto-registren la experiencia, con tres de ellos entrenados como camarógrafos.
Lo primero que surge, casi desde el minuto uno, es lo difícil de conseguir recursos directamente de la naturaleza cuando no están dadas las condiciones, por más que estemos en un grupo. Porque incluso, el ser varios aumenta el grado de complejidad en varios aspectos.
Por favor amigo lector, te recomiendo que le dediques un tiempo, porque allí tomarás consciencia de varias cosas, por ejemplo, cuán difícil es alimentarnos e hidratarnos, cuánto tiempo demanda, cuánta gente se requiere, cuánto trabajo físico plantea, cuánta exploración, cuánta salud, cuánta organización, cuánta voluntad, y una lista interminable de "cuántos", solo para alimentarnos e hidratarnos.
Estamos tan acostumbrados a acudir al almacén para comer un poco de pan y abrir una canilla para tomar agua, que hemos perdido la consciencia de lo que hay detrás de esas acciones tan sencillas. Decenas de miles de años de evolución, desarrollo de tecnología y organización. Y millones de muertos. Un círculo virtuoso que empezó por juntarnos, protegernos, ayudarnos, compartir esfuerzos, ser más eficientes para alimentarnos, ganar tiempo para desarrollar tecnología, juntarnos más aún, ayudarnos más aún y ganar más tiempo para desarrollar tecnología.
La tecnología, es consecuencia de vivir en sociedad.
Estos trece hombres logran sobrevivir porque tienen dos cuchillos y dos machetes, y porque encuentran traídos por el mar, elementos de la modernidad como utensillos para hervir el agua, botellas para almacenarla, sogas, hilos, y muchas cosas más que son producto de la tecnología moderna. Y si no fuese por ello, estoy seguro que más de uno hubiese muerto en solo un mes, con una cámara filmando su deceso. Así de vulnerables somos y así de fácil podemos morir. Alcanza con abrir la canilla y que de ella no salga agua nunca más.
El círculo vicioso de la muerte
Lo primero que buscan estos "náufragos", es la forma de hidratarse. Hace mucho calor, y caminar diez metros consume energía. Esto no es problema cuando tenemos un almacén cerca, o cuando tenemos dinero para ir al almacén. Cuando no tenemos ninguna de estas cosas sí es un problema, porque hay que reponer esa energía gastada de alguna manera.
Debe ser muy angustiante ver un océano inmenso lleno de agua salada que no se puede beber, y estar sediento, sin una canilla para abrir y tomar agua fresca. Esto es lo primero que experimentan. Hasta que encuentran un charco de agua dulce bastante mugrienta, que así como está, resulta intomable. Deciden hervirla, pero entonces viene el siguiente problema. Para hervirla se necesita fuego.
Claro, nosotros vamos a la alacena, agarramos fósforos, prendemos la hornalla de gas natural comprimido de la cocina, y hervimos los litros que se nos antojen obtenidos en segundos de la canilla. Eso si no hicimos la tarea de ir al almacén a comprar un bidón de 5 litros de agua mineral, fresquita, rica y potable.
Éstos náufragos no tienen esa opción. Ni la canilla, ni la alacena, ni los fósforos, ni la hornalla con gas natural comprimido. Primero tuvieron que buscar la forma de tener un recipiente para hervir el agua (por suerte el mar se los había dejado), luego tuvieron que buscar leña, y por último, lo más difícil de todo: prender el fuego. Cuando observas que tardaron más de un día en prender un "fueguito", al borde la debilidad física y mental, empiezas a comprender esos miles de años de evolución, tecnología y organización que te mencioné antes.
A ésto se le suma un componente muy relevante que los comunes generalmente desconocemos. No solo es difícil alimentarnos e hidratarnos, sino que de no hacerlo, aún más difícil será.
Bear Grylls lo explica como un círculo vicioso: si no nos alimentamos e hidratamos, menos capacidades tenemos de proveernos lo necesario para ello, y si tenemos menos capacidad, no lo haremos suficiente, pero si no es suficiente, menor aún será la capacidad de hacerlo, y así sucesivamente.
Este círculo vicioso hace aflorar ciertos comportamientos, que en el reality quedan muy expuestos, y son muy parecidos a los que vivimos en nuestra sociedad real.
Vagos pobres, o pobres vagos
Entre los trece náufragos, y con el correr de los episodios, podemos observar características muy interesantes que reflejan a la mayoría de las sociedades. Solo voy a reflexionar brevemente sobre algunas.
La primer cosa que me viene a la cabeza, es que en este show, pobres son todos. Son tantas las carencias a las que se enfrentan, que me arriesgo a decir que son más que pobres, son todos indigentes.
La segundo que discierno, es que la pereza y la vagancia, no tienen nacionalidad. Los británicos son igual de perezosos y vagos que los demás.
Lo siguiente que se nota, es que la pereza y la vagancia, en apariencia, están ligadas a una costumbre personal, a una experiencia de la infancia, a cuestiones genéticas, a la alimentación, y a varias cosas más, que a las meras ganas de estar tirado sin hacer nada. En este caso, se nota mucho la pereza y la vagancia como producto de la depresión y de la falta de energía. No han incorporado nutrientes, y no es tan fácil gastar las pocas energías que tienen cuando su cerebro evalúa que no van a reponerlas prontamente.
Otra cuestión que se observa es que una vez que resolvieron el problema de hidratarse, solo piensan en comida. No pueden pensar en otra cosa que en comida. Y ese pensamiento agudo les impide usar el cerebro para razonar estrategias que persigan conseguirla.
En este escenario, empiezan a surgir diferentes personalidades. El que logra priorizar el razonamiento para resolver el problema. El incansable. El que no lo logra, pero que tiene voluntad para colaborar con las ideas del que sí puede. El que no piensa, ni tiene voluntad, pero siente vergüenza de ser una carga. El que se deprime y se queda tirado, y no le importa nada. El que se frustra e insulta. El que se las sabe todas. El egoísta que afirma que cuando consiga no compartirá con los vagos. El violento. El líder. Muchas personalidades diferentes, y algunas, en la misma persona.
Otro asunto, es que algunos de los más viejos saben que si no hacen algo se quedan sin el pan y sin la torta, en cambio, en algunos de los más jóvenes, se deduce que si no tienen pan, en algún momento aparecerán las tortas. Pero las horas pasan, y las tortas no vienen, y no solamente son vagos y dependientes, sencillamente no les da la cabeza para otra cosa que sentirse víctimas, sufrir por su realidad, y ponerse en dramática espera a que los rescaten, que alguien les de un poco de "algo", sencillamente porque son incapaces, son dependientes.
Más adelante, impacta ver como esos vagos y dependientes, una vez que logran superar sus limitaciones mentales, dejan florecer al sobreviviente. Y aquí empezamos a vislumbrar el sendero principal del recorrido por el que te estoy llevando, amigo lector.
El náufrago catorce
Una de las situaciones que se notan en esta serie de televisión, es que mientras pretendieron resolver los problemas cada uno con su propio accionar individual, todo se les hizo muy difícil. Solo cuando decidieron organizarse, tener un líder, respetar reglas de conjunto, y pensar para todos, empezaron a fluir notorias mejorías, hasta ser eficientes en satisfacer sus necesidades básicas, llegando incluso al grado de sentirse felices como conjunto.
En la isla, ninguno tiene más que los demás respecto de los bienes, ni más oportunidades, ni nada. No hay diferencias. Es más contundente todavía. Todos tienen las mismas carencias económicas.
Pero sí las hay, y son diferencias muy notorias, respecto de sus capacidades para sobrevivir, porque la historia, oportunidades y edad de cada uno es fundamental.
Sin embargo, organizarse, creo que fue posible porque se trata de un grupo homogéneo:
Todos, incluso los vagos y dependientes de este show, hasta que llegan a la isla un mes atrás, son británicos bien alimentados, con cerebros desarrollados normalmente, educación, acostumbrados a tener un mercado al cuál acudir para comprar pan, a tener un dinero para comprarlo, y a abrir una canilla para tomar agua fresca, rica y potable.
Ahora sí, una pausa...
¿Somos conscientes que NO todos somos británicos bien alimentados y educados, dejados en una isla hace solo un mes?
...
Me pregunto qué hubiese pasado si hubiesen puesto un participante que desde que nació padeció desnutrición, deshidratación, frío extremo, calor extremo, lluvia, inundación, que fue abusado sexualmente desde los 4 años, golpeado, obligado a mendigar en el subterráneo y también a robar.
Me pregunto qué hubiese pasado si a ese niño le ofrecían drogas, si las hubiese tomado para evadir tal realidad. Si a los 15 ya mató a su primer víctima para poder seguir comprando droga, y pasó 20 años en la cárcel donde lo volvieron a violar, golpear y todo lo que se nos ocurra.
Me pregunto qué hubiese pasado si apenas salido de la cárcel, lo hubiesen mandado con este grupo a la isla. El sobreviviente número catorce. El vago y dependiente número catorce.
Me pregunto si el número catorce hubiese logrado organizarse. Si su cerebro funciona de la misma manera. Si tiene capacidades para funcionar en grupo. Si los valores que tiene son los mismos. Si el respeto por la vida es similar.
Una nueva pausa...
¿Dará lo mismo tener las carencias de un náufrago en una isla por un mes, que haberlas padecido desde el primer día de su nacimiento?
El número quince
No es necesario irse al extremo de poner un asesino como el náufrago catorce. Podemos poner a Juan Pérez, el héroe de esta genial y muy entretenida película mexicana "Un mundo maravilloso" de Luis Estrada, cuyo final es tremendo.
Juan Pérez es vago, vividor y ventajero. No es mal tipo. Tiene hermosos deseos internos. No le quiere hacer mal a nadie. Solo quiere una familia y ama a Rosita. Pero está tan acostumbrado a ser un paria, que "ser alguien" será algo desconocido y desconcertante.
A veces uno cree que él quiere pero no lo dejan, otras veces que lo quiere fácil, otras veces que lo quiere de arriba. Se pueden extraer varias conductas malas y despreciables.
El asunto es si además de Juan Pérez, podemos notar la isla en el Pacífico alrededor de Juan Pérez. Si podemos detectar a los británicos bien alimentados y educados, al náufrago catorce (si lo hay), y si podemos descubrir que Juan quizás es el náufrago número quince.
Porque cuando miramos a alguien sucio, harapiento y borracho, si NO notamos su isla, jamás veremos a un náufrago. Solo veremos un vago.
La realidad supera a la ficción
Si logré llevarnos a destino, espero que puedas reflexionar sobre el reflejo de nuestra sociedad en estos shows.
Tan acostumbrados estamos a abrir la canilla y que salga agua, que creemos que el trabajo existe porque sí, que no es algo que debemos construir como sociedad. No somos conscientes que cada uno de nosotros tiene que ver con que éste exista y que también subsista.
Espero que hayas comprendido tu rol, dentro de los trece náufragos, que si solo piensas en ti mismo, varios morirán, incluso tú mismo, porque nadie es completamente auto-suficiente en este mundo moderno.
Tu no podrás hacerte médico para curarte, y al mismo tiempo hacerte ingeniero para construir tu vehículo y armamento para cazar, arquitecto para construir tu casa y que no se derrumbe, experto en aguas potables y cloacas, ingeniero de energía eléctrica para prender tu bombilla, y PRETENDER TENER UNA VIDA PROLONGADA. Quizás puedas hacer todo eso sin el lado profesional, como en la antigüedad, y sobrevivir hasta los treinta años, como en la antigüedad. Y tu hijo viviría lo mismo que tú. Tres décadas.
Lo que tienes hoy, no lo tienes porque viene en las gotas de lluvia. Lo tienes porque el ser humano se ha organizado para ello, y porque piensa y actúa como conjunto. Algunos se organizaron antes, y son más poderosos que otros. Otros no se terminan de organizar y pensar en conjunto, entonces son relegados o aplastados.
Ese es uno de los fundamentos de vivir en sociedad y el porqué lo hacemos. Estar organizados para sobrevivir. Para que las dificultades y carencias de vivir en la isla, no nos aniquile. Porque todos somos náufragos, solo que algunos nacieron entre los británicos bien alimentados, y otros no.
Pescar en el desierto
Uno de los resultados de organizarse, es crear fuentes de trabajo. Pero ¿qué sucede cuando no estamos lo suficientemente organizados para crear suficientes? Es increíble cómo tanta gente, con educación y experiencia, dice que le cuesta conseguir trabajo pero mandan a los náufragos que reciben una ayuda del Estado a trabajar.
¿Hace falta aclarar que la ayuda es consecuencia de la falta de trabajo?
¿Hace falta aclarar que menos capacidades de trabajar tendrá quien carece de suficiente educación, experiencia, o recursos intelectuales y físicos?
¿Hace falta aclarar que el Estado ya genera más trabajo que el que puede, con su fin natural como son la salud, seguridad y educación, pero que además lo hace con la obra pública, trenes y aviones?
Alguien sesudo dijo algo parecido a: "enseñar a pescar en lugar de regalar el pescado".
A lo que otro sesudo agregó: "quieren que les demos la caña de pescar, en lugar de los pescados, pero quieren que los mandemos a pescar en el desierto".
Yo agrego que primero le doy de comer, para que pueda entender cuando le enseñe a pescar. Pero si después no le cedo un pedazo de mar para que pesque, tarde o temprano me va a venir a pedir pescado. Y si en ese momento, lo trato de vago porque ya le enseñé a pescar, entonces soy un hijo de puta.
¿Participaste de un choque múltiple en autopista? JÓDETE!!!
Por ir pegado al de adelante.
Por no respetar la distancia de frenado.
Por pretender llegar 10 minutos antes poniendo en riesgo no solo tu vida sino la vida de los demás.
Por creer que la autopista es tuya solamente.
Por inconsciente.
Por irresponsable.
Por IDIOTA!!!
Ninguno está exento de sufrir un accidente. Pero tenerlo porque te pegaste al de adelante, como si de esa manera fueses a lograr que el tiempo se detenga, solo le pasa a los idiotas inconscientes. Y te lo mereces. Y agradece que no mataste a alguien de tu familia, o a cualquier otro.
Quizás ahora puedas entender que si te mantienes en una velocidad y fundamentalmente si mantienes la distancia de frenado y reacción, llegas igual, seguro, y quien te dice, a tiempo o incluso antes. Pero como cada uno trata de sacarse ventaja, al final se terminan molestando y frenando entre todos por lo caótico. En cambio si entre todos se ordenan y avanzan cooperativamente, todos llegan rápido y seguro. Es más o menos lo que se ve en el Equilibrio de Nash de la película Una mente brillante.
Trata de llenar una botella de pico pequeño con una manguera de bombero. Llega un momento que el orificio no admite más entrada de agua, y ésta se empieza a derramar por fuera, y el caos que se genera en la entrada impide que el agua fluya hacia adentro, porque además se necesita lugar y tiempo para que el aire del interior salga. Entonces todo termina volcándose y la botella seguirá vacía. Ahora trata de llenarla con paciencia, en la justa medida que el orificio admite, dejando que el aire de adentro pueda salir al ritmo correcto, y fíjate en cuánto tiempo llenas la botella y cuánto desperdiciaste fuera de ella.
Ahora imagínate la botella como la autopista, el chorro como vehículos, y el agua como seres humanos, entre los cuáles están tus seres queridos. Fíjate si te gusta llegar a destino o provocar un charco de cuerpos, tripas y sangre.
Nos va a ciertos pueblos como nos va, porque cooperamos entre nosotros para llegar a destino de la misma manera que manejamos en la autopista. Como IDIOTAS!!!
Por ese deambular que tengo con los medios, desde la televisión
me volqué a leer en internet la letra de "Uno" de Mariano Mores y Enrique Santos Discépolo. Jamás
le presto atención a las letras, un defecto que tengo, porque la voz de quien
canta, para mí, solo conforma una armonía con los instrumentos, o lo que es lo
mismo, es solo un instrumento más de la interpretación.
Lo que me impulsó en primera instancia fueron la música y
Mores, quizás porque me encanta esa melodía. o bien, porque a mi mamá le
encantaba Mariano Mores. En segunda instancia porque desde el programa de
televisión sugerían que la letra era compleja y profunda. Entonces quise
comprender en qué sentido era así, tal vez como un desafío intelectual.
Ya me sentía identificado con los halagos que hacían de
Discépolo, y dado que me consta que a tanta gente le encanta, y que tanta gente
lo considera un poeta o un maestro, o como se quiera, yo también sentí que
valoraba de igual forma a este autor. En pocas palabras, yo también abrigué que
lo consideraba un poeta, aunque de él sabía realmente nada. Como dije, nunca le
presté atención a sus letras, ni a las de otros, salvo contadas excepciones.
Pero conozco su nombre, y su fama no me es esquiva. Creo que a nadie le escapa,
le guste o no el tango.
Y con ese sentimiento arribé al siguiente destino. O sea, yo
ya había sido preparado y mi pensamiento estaba orientado y dirigido en la creencia
o aceptación que me encontraba frente a un gran poeta o un gran maestro.
Llegué a esa página con el afán de leer y tratar de
encontrar la complejidad de la letra. Más
precisamente me llamó la atención un verso sobre el cual quería encontrar el
marco y la explicación: "Déjame que llore / como aquel que sufre en vida /
la tortura de llorar su propia muerte..."
Entonces leí la canción con detenimiento. Y la identificación se me
hizo más profunda. Uno ya entregó su corazón y quizás ya no le queda un
pedacito que volver a entregar. ¿Suena triste no? Inmediatamente caí en la
cuenta que me enamoré ya tres veces en mi vida, y cada una más que la anterior, sin olvidar la previa. En cada caso acabé con el corazón hecho trizas
como la letra de “Uno”, y tuve largos duelos, pero en definitiva, llegué a la conclusión
que cuanto corazón tenga uno para dar, depende de cada uno.
Releí un par de veces, y me deleité también escuchándolo por
Edmundo Rivero. Una vez nomás porque el tango, y más si suena mal o
viejo, no me copa demasiado. Pero una vez estuvo bien. Me encantó. Y disfruté
de la poesía que leí en esas palabras. Cosas con profundo sentimiento, con
emoción, y además bien dichas. Metáforas y construcciones que a un escritor en
ciernes le producen envidia y placer al mismo tiempo. Uno querría poder
construir así, si supiera, ideas tan potentes, que llegan a destino y
trascienden, con pocas palabras.
Y asentí. Me dije qué poeta, qué maestro, haciendo honor a
ese reflejo condicionado que se hubo inoculado previamente desde la televisión.
Entonces empecé a leer los comentarios. Por mera simbiosis. La
mayoría alababa al autor, y transmitía la misma sensación que yo sentía. Hasta
que me topé con uno solo que no pensaba como todos. Uno que se autodeclaraba
profesor de Letras y estudioso de la letrística del tango. Ergo, uno que sabe.
Supuestamente.
De él emanaban duras críticas. Misoginia, maltrato a las
mujeres, llorón y suicida. Lo baja de un pedestal más rápido que un avión en
picada. Y lo que me llamó más la atención, lo descalifica hasta como poeta.
Citándolo: “Como autor es pura pirotecnia verbal, una insoportable profusión de
adjetivos para decir poco dejando la impresión de que se trata de algo
importantísimo...”
Por supuesto el individuo fue vilipendiado e insultado. Pero
el tipo, conocedor aparente, tenía sus argumentos, y explicaba el por qué de
alguna de sus afirmaciones, referenciando las letras y los nombres de los temas
que justificaban sus palabras. Entonces leí mejor la letra. Ya no tenía el
condicionamiento de una sola fuente. Ahora veía un poco más. Y vi diferente.
Lo que me impactó fue cómo el convencimiento de enfrentarme
a un poeta, o un maestro, se diluyó rápidamente. No sé si Discépolo no es un
poeta, o un maestro. Probablemente lo sea. Lo que se diluyó fue mi
convencimiento de que lo era. Esa certidumbre. Como también me impresionó cuán fácil había
sido obtener esa convicción, partiendo de mi desconocimiento total sobre el autor y sus letras. Certeza infundada porque otro me dijo que estaba frente a un poeta. Qué
fácil fui condicionado a un imaginario popular, por no saber.
Y me sentí alegre de poder tener mi propio discernimiento. No
sé si todo lo que dijo ese profesor de Letras es verdad. De lo que sí estoy
seguro, es que ciertas ideas de Discépolo no me gustan para nada. No sé si el
trasfondo de esas poesías esconde esos sentimientos macabros que dice el
profesor. Pero lo que empecé a ver, sé que no me gusta para nada.
Finalmente reforcé aquella certeza que surcó mi intelecto
hace un tiempo. Cuando yo estaba seguro, con argumentos, de estar en contra del
matrimonio igualitario, y luego de presenciar el debate del Senado, cambié de opinión, también con argumentos. Cuán
enriquecedor es poder debatir lo que uno piensa, cuando hay respeto. Cuán
enriquecedor es presenciar un sano debate. Cuán imprescindible es poder acceder
a los que piensan diferente. Y cuán necesario es ocuparse de acceder a los que
piensan diferente.
Qué afortunado soy de poder discernir. Pero más fortuna
tengo de poder cambiar de opinión.
Amigos, he publicado el quinto capítulo de mi novela. Pura acción. ¿Será de la buena? Espero que les guste, los entretenga y les de más ganas de seguir leyendo.
Amigos, he publicado el cuarto capítulo de mi novela. En éste, vamos tras los pasos del muchacho. ¿Quién? Espero que les guste, los entretenga y les de más ganas de seguir leyendo.
Cuanta más necesidad tiene un individuo, más capital posee para satisfacerse."
El prestigio heredado, 1999
Amigo lector. Te invito a leer mi novela. Espero que la disfrutes, y te ruego que compartas tus comentarios y críticas de manera pública, para mejorar la historia, y por qué no, tener un espacio de debate.
Te recomiendo que leas la introducción porque te prepara para la travesía.
El Nokanshi es un ritual para quien ha muerto. Tan elegante y tan bello, que cuando lo ves, quieres morir así.
diciembre 2010
Querido lector. No me explayaré ni en el ritual, ni en la película que lo trata, que fue la que inspiró este relato. Trataré de cosas que están en ella. Cosas como la muerte y la vida, las relaciones, y un par de cosas más. Pero todo desde mi punto de vista.
Este relato no tendrá acción. Solo introspección. Te aseguro que será completamente aburrido y te aconsejo que no intentes seguir adelante. A menos que estés dispuesto a sufrir el flujo de las ideas, y con suerte, de las emociones.
Antes de sumergirnos, debo contarte sobre la musa inspiradora. Se trata de una película japonesa intitulada "Violines en el cielo" o "Despedidas" en español, "Okuribito" en japonés o "Departures" en inglés. Y quizás otros más, según en que parte del mundo te encuentres. La película es hermosa de principio a fin, con un tono tranquilo y poético, que no enerva. Trata con ritmo equilibrado sobre un muchacho, músico, que se enfrenta a un punto de inflexión en su vida y se muda al campo con su esposa, en donde por obra del destino, obtiene un trabajo como asistente del "sepulturero". Ese trabajo, lo obligará a navegar por su pasado y refundar su presente.
Querido lector. Te juro que investigué y aparentemente, el nombre "Nokanshi" aplica tanto para el ritual como para quien lo lleva a cabo. Pero no lo puedo afirmar porque no está demasiado claro. Te pido que me disculpes, y en todo caso realices tu propia búsqueda, si así lo crees necesario.
Dicho esto, daré paso a las reflexiones.
La muerte y el Nokanshi
En primer lugar, te contaré brevemente sobre el ritual budista del Nokanshi. Según se ve en la película, es un procedimiento de limpieza y embellecimiento del fallecido, como un acto de purificación que se realiza delante de los seres queridos, quienes participan sutilmente en la limpieza del cuerpo.
Te aseguro amigo lector. Es una ceremonia de tal delicadeza y belleza, con movimientos pausados, elegantes, precisos, casi como una danza, en donde el respeto por el fallecido es tan intenso, que conmueve hasta las entrañas. Tanto así, que en mi opinión, quien lo presencia, empieza a ver la muerte como algo sereno y plácido en lugar del concepto clásico que lo muestra como algo traumático y desagradable. Seguramente, amigo, si lo ves, te dirás a ti mismo como me lo he dicho yo: -¡Quiero morir así!
En mi opinión, es algo que deben presenciar grandes y chicos, porque a éstos últimos les muestra con increíble proeza que la muerte no es necesariamente algo feo. Debo advertirte también, como se trata de un procedimiento que deja luciendo vivo y cálido al fallecido, que éste queda convertido en un Bello Durmiente. Y esto, podrá ser confuso para algunos, sobre todo para quienes descreen en el Más Allá. Como yo.
Una cultura de poco contacto
Una cosa que me llamó la atención es que los japoneses parece que se tocan poco. En nuestra sociedad occidental, y en especial en la latinoamericana, cuando nos encontramos después de mucho tiempo con un ser muy querido, familiar o amigo, nos fundimos en tal abrazo que las costillas podrían estallar. Y si estamos en pareja, probablemente, lo primero y lo último que hagamos en el día, será darle un beso a nuestra amada o amado. Sin embargo, en la película, estas dos situaciones se reflejan claramente sin contacto. La cara de alegría de los que intervienen cuando se encuentran, es elocuente. Y la reverencia agachando la cabeza, no falta en absoluto. Pero de contacto, nada. Méritos para el director y los actores que nos hacen vivir la experiencia de notarlo. Porque te aseguro, cuando se encuentran y no se tocan, sientes de manera portentosa que algo falta , y quieres ir tú a abrazar al chico o a la chica.
Alguna vez escuché que el origen de la falta de contacto y de la reverencia de los orientales, viene por la transmisión de enfermedades. No me extraña que culturas milenarias, que han pasado por muchas calamidades, elijan ese camino. No podemos cuestionarlos. El coito con profiláctico es lo más antinatural del mundo. Y sin embargo lo preferimos así, incluso en este mundo occidental.
Siempre es tarde para decir te odio
La frase en su negativa, es decir, la que dice "Nunca es tarde para decir te quiero", es tan trillada como las papas fritas. ¿O no? Es así, pero no deja de ser cierta. A mi me toca de manera muy especial, en ambas márgenes del río. Pero no viene al caso, así que otro día te cuento. En cambio, de lo que sí te quiero hablar, es sobre lo que pienso acerca de decirle cosas a quien ya está fallecido. Especialmente aquellas que nunca le dijimos, o lo hicimos muy poco.
La afirmación se dibuja clara en mi conciencia: Siempre es tarde decirle te quiero a un muerto. Díselo en vida, amigo lector. No te conformes con la idea que él o ella te estarán escuchando desde el más allá. Tal vez lo haga, o tal vez no. Decírselo en vida, no solamente será algo hermoso para tu ser querido, sino también para quienes rodean a ambos. Yo tuve la suerte, y el deseo por cierto, de disfrutar mucho a mis padres y decirles y agradecerles en vida. Te lo aconsejo, amigo. Redunda en una paz duradera, casi permanente, porque los extrañarás sin culpas. Y también te sugiero, no calles tus reclamos hasta la muerte. Hazlos en vida, porque eso también te dará paz, y tal vez, solo tal vez, será un acto de justicia.
El maestro y el discípulo
Hay una escena en la película, en donde el discípulo duda de su capacidad para llevar a cabo ciertas tareas. Y el maestro lo obliga a realizarlas. Es un clásico. Lo vemos en muchas películas, y lo vemos en la vida. Hoy en día, estamos bombardeados por especialistas en psicología que insisten que si el alumno no quiere, no se lo debe obligar. En otras palabras, estaría mal que se le exija a alguien a hacer lo que no quiere hacer. Esto puede ser cierto de muchas maneras. Pero también puede ser, de muchas maneras, no cierto.
Hay veces en que el maestro no debe dudar de sus convicciones. Hay veces en que el alumno debe comprender que el maestro, es maestro por sus años, y que seguramente ya ha pasado por la mayoría de las situaciones. Y el alumno no debería cuestionar al maestro, y la sociedad no debería dejar que los maestros enseñen limitando sus métodos.
En esta escena, el alumno duda, el alumno tiene miedo y no quiere. Pero el maestro le exige y le grita. Y el alumno obedece. Y ese respeto por la autoridad de su maestro permite que él ejecute, con el consecuente avance en su aprendizaje. Y ese avance permite que él termine aprendiendo ese arte, y pueda hacer que trascienda cuando ya no esté su maestro.
Amigo lector, si eres un artista, si lo que haces, lo haces con tanto amor y calidad, que raya en una obra de arte, no permitas que tus discípulos desobedezcan con liviandad. Y si no eres un maestro, pero tu hijo tiene la suerte de ser discípulo de uno de ellos, enséñale a respetarlo, y deja que lo eduquen como tú no puedes.
Amigo lector, si tienes un hijo, tú eres el maestro, y él es tu discípulo.
La última compra
Tengo más reflexiones para compartir contigo. Pero no quiero aburrirte demasiado. Solo un poco. Así que te contaré un último pensamiento. En una parte de la película, alguien está eligiendo el ataúd para su ser querido, y otro le dice: -Es una ironía que la última compra que hacemos en este mundo, en realidad no la hacemos nosotros.- Fíjate cuán cierto es. No te olvides de tratar bien a quienes te acicalarán y te vestirán en tu descanso final. Y ten respeto por los que han muerto. Porque tú lo serás también.
El presente es un humilde homenaje a quien considero fue un gran presidente y líder de los Argentinos. Es un corto relato de ficción (¿Ficción?), que intenta recodarle a los lectores, algunas de las batallas que libró en pos de un país mejor.
La admisión de Néstor
CAPÍTULO ÚNICO
Miré la pantalla. Siguiente aspirante: Néstor.
Me costaba un poco leer porque me dieron un monitor de tubo. Decían que si yo, el jefe, me agarraba el peor y dejaba los mejores para mis subordinados, entonces alcanzaría El Cielo.
¡Pero ya estoy en el cielo! Pensé. Perdón, me presento: soy San Pedro, jefe de la mesa de entradas de "El Paraíso".
En verdad, la idea de agarrarme el peor monitor me disgustaba bastante. Pero tanto insistí por un mouse de cinco botones, que ahora que me lo dieron, no me podía quejar por un buen rato.
Mi trabajo consiste en supervisar a los entrevistadores que hacen la admisión para "El Paraíso". El salón es muy amplio, no solamente porque no tiene techo, ya que el techo es el cielo mismo, sino por la apariencia de amplitud que produce estar flotando en una nube. Es una imagen interesante. No sé a qué me recuerda. Por arriba, el techo celeste, como si estuviese nublado pero no lo está. En el medio nosotros y el piso, mejor dicho la nube, de un color blanco intenso y puro, pero que no encandila. Y por debajo nuevamente el cielo. Sí, el que sostiene las nubes. Y el sol, que navega por el centro, entre nosotros, entre los muebles, como en un atardecer, provocando destellos dorados. No sé a qué me recuerda.
En general es un trabajo tranquilo, y no suelo tener contacto con los aspirantes. Pero hoy me faltaron tres entrevistadores, y estamos bastante cargados. Es que hubo un terremoto y se me llenó la sala de golpe. Entonces me ofrecí a ayudar a los muchachos, y aquí estoy, usando el sistema de turnos y a punto de entrevistar al siguiente.
Hice clic en el botón verde. Sonó la campanilla. Se incrementó el número de turno en el display central, y el hombre alto se levantó al instante.
Si no fuera por lo que sucedió después, no me hubiese acordado de tantos detalles. En cuanto se paró, se acercó hacia él una persona vestida con overol y casco blanco, y lo saludó con mucha solemnidad, como agradeciéndole. El hombre alto, con una inmensa sonrisa le palmeó la espalda, le dio un gran apretón de manos, y continuó su marcha hacia mi box. Pero en ese camino, por lo menos cinco hombres más y cinco mujeres, algunos con aspecto humilde, otros con uniformes de distintas profesiones, se cruzaron para saludarlo y abrazarlo, y nuevamente parecía como si estuviesen agradeciéndole.
El hombre alto vestía un traje caro, y tenía un aire presidencial. Altivo, seguro, saludaba a la gente a su paso. Y recibía mucho afecto. Aunque en el trayecto, hubo uno, también con ropa de trabajador, que escupió al piso y se dió vuelta con una muesca de desprecio. No estoy seguro si fue un gesto de desaprobación, o simplemente el hombre era un poco desaliñado en sus modales. Al darse vuelta alcancé a leer en la camisa del overol que decía: Fibertel.
Todo en el hombre alto indicaba que se trataba de una persona conocida, y parecía muy importante. Pero en cuanto vi sus mocasines estropajosos y su peinado desarreglado, supe inmediatamente que se trataba de un hombre común, trabajador, con cierto carisma con la gente, y nada más.
–¡Buenos días! –me dijo muy amablemente mientras estrechaba mi mano.
–¡Buenos días! –le dije– Tomá asiento por favor. ¿Néstor no? Como ya te habrán informado en el mostrador de la entrada, estamos aquí para charlar sobre tu ficha de vida, y decidir si podés ingresar ya mismo a "El Paraíso", o tenés que hacer el curso de ingreso y rendir el examen correspondiente.
–¡Sí claro! –dijo Néstor, con un sutil dejo de molestia. Estaba claro que había entendido bien el motivo de la entrevista y mi explicación estaba de más. Evidentemente estaba frente a un hombre de acción y por lo tanto, un poco impaciente.
–Bien –proseguí–. Generalmente en nuestro sistema aparecen algunos elementos difusos que son justamente los que resolvemos con esta entrevista. Las preguntas y la cantidad son completamente individuales por cada aspirante. En tu caso tenemos unas pocas dudas sobre las que queremos charlar. ¿Te parece bien?
–¡Me parece perfecto! –dijo.
–¡Excelente! Vayamos a la primer incertidumbre. Aquí dice que en una oportunidad entraste por la ventana. ¿Dónde? ¿Acaso hurtabas por las noches?
–¡Ja! ¡Es verdad! Pero sólo como metáfora. Se refiere a cómo accedí a la presidencia. A mí me eligió el 20% de la gente, y como no se llegó al ballotage porque el turco se bajó, dicen que entré por la ventana. Pero terminé mi mandato con un 75% de imagen positiva. O sea que entré por la ventana, pero me fui por la puerta principal, y con honores.
–Entiendo. Veamos que sigue. Uhhh. Esto parece un poco fuerte. ¿Es verdad que con fuerza descuartizabas impunemente los soldaditos que un amiguito había armado?
–¡Qué gracioso! Ningún amiguito. Descabecé la cúpula de las Fuerzas Armadas. Eran muchas las reformas que nuestro país necesitaba y para lograrlas había que transmitir un par de mensajes fundamentales desde el principio. Primero, que la impunidad no era posible y segundo, que éste, no iba a ser un presidente débil.
–Y perdón –prosiguió Néstor–. Ya que estoy acá... ¿Te puedo preguntar algo que me intriga, y creo que también a la humanidad toda?
–¡Por supuesto! –le dije.
–Bien... –y agregó– ¿Cuál es el sentido de la vida?
–¡Ahhh! ¡La clásica! Mirá. El sentido de la vida es algo tan sencillo que si te lo digo, no lo vas a poder creer. Sin embargo, aquellos que llegaron a esta oficina no podrán saberlo nunca. Lamentablemente esa respuesta está reservada solo para aquellos que acceden a “El Infierno”. No me preguntes por qué, dado que no sé.
–¡No podés! –espetó Néstor, mientras se reclinaba hacia atrás, extendiendo las manos y haciendo una mueca de desaprobación.
Me dio gracia su reacción. Le expliqué: –El Jefe dice que la respuesta a esa duda existencial no tiene sentido para los que vienen a esta sección, pero que sí la tiene para los que van a la otra. ¡Qué sé yo! Políticas de la Organización. ¿Podemos seguir? No falta mucho.
–¡Adelante! –arrojó Néstor.
–Bien... Aparentemente dijiste en varias oportunidades que tenías el mejor Duravit en relación con los demás. Coincidimos en que los camioncitos Duravit eran buenísimos, pero… ¿Alardeabas con el mejor camioncito?
–Superávit dije. El mejor Superávit. ¡Cómo no voy a hacer alarde! Desde que asumí, exigí no gastar más de lo que recaudamos. Y así fue. Durante todo mi período, se aumentó el gasto social, se ahorró, se pagó deuda externa, y siempre dentro de un estricto esquema de equilibrio fiscal y comercial, como muy pocos lo hicieron.
–Entiendo. Siguiente duda. Parece que en una cena, te sirvieron una suprema con un corte que no te gustaba, y después te hiciste adicto a ella. No entiendo la adicción...
–¡Que no me gustaba una Corte Suprema Adicta! –exclamó–. Me parece que tus investigadores se tomaron un par de tintos antes de escribir el informe. ¡Je! Un chistecito amigo. Desde el comienzo supe que uno de los pilares para construir una Nación en serio, era contar con una Corte Suprema de Justicia independiente, honorable y más reducida. No fue fácil. Tuve que pedir públicamente ayuda al pueblo porque algunos jueces estaban enquistados, y no querían dejar sus cargos.
–Néstor. Los muchachos hacen un excelente trabajo, pero tenés que entender que hablan en arameo, y el Heaven Translator todavía tiene algunos bugs.
–Sigamos –aclaré–. Dicen que le quitaste los dulces a unos chicos que estaban en el exterior de tu casa. ¿Y eso?
–¿Dulces? ¡Dólares! –exclamó con orgullo– ¡Fue una quita enorme! Del orden del 70%, de la gigantesca deuda externa del país, que dicho sea de paso, contrajeron otros gobiernos. Conseguí reestructurarla y me la puse al hombro para pagarla. No me gusta tener deudas. Además cancelamos también la de ese organismo que te presta, no para ayudarte, sino para subyugarte. El Feudo Masacrador Inhumano, conocido también como FMI.
–Si lo conozco –le dije–. Esa gente no suele venir por acá. Van al otro lado. Bueno. Eso es todo Néstor. Tu ficha está completa. No te da un cien por cien, pero a nadie le da eso. Aún así, aplica muy bien y cierra. Ya podés "Entrar".
–Tengo otra duda –dijo Néstor–. En aquél box, veo que pasan uno tras otro casi sin responder preguntas. ¡Mientras yo estuve aquí, pasaron como veinte! ¿A qué se debe?
–¡Ahhh! Ese es el box de primera clase. Solo reservado para los hinchas de Boca Juniors. Ellos tienen El Cielo asegurado de antemano. En todos lados se cuecen habas mi amigo. Yo no hago las reglas.
Néstor hizo un gesto, como asintiendo, y a la vez despreciando el hecho. Se levantó. Nuevamente afloró una sonrisa, y se encaminó hacia el enorme e iluminado portal de “El Paraiso”.
Y cuando estaba bajo el umbral, lo llamé en voz alta: –¡Néstor!
–¡Qué amigo! –me respondió.
–Sobre esa duda existencial que tenías. Hay alguien que lo sabrá, pero no viene para acá. Sabemos que hizo méritos suficientes para la otra sección, la que te dije antes, la de abajo. Se la vas a poder preguntar mediante la terminal de intercomunicación, aunque lo vas a tener que esperar un tiempito.
–¡Excelente! –me dijo– ¿Cómo se llama?
Y con un carraspeo en la garganta le respondí: –¡Cleto!
...
Nota del Autor: No soy escritor, pero me gustaría serlo. Pido disculpas a los verdaderos escritores, y a los lectores, por cualquier error literario que haya cometido. Prometo aprender y mejorar. Si te gustó, compartilo y seguime. Si no te gustó, criticame, pero con respeto. Muchas gracias.
Diego Soto
P.D.: Gracias a Majofa por compartir su arte. Twitter: @yodisiento
Buenos Aires, Argentina